“Lo mejor es no tomarse la vejez en serio, eso es lo que yo hago” afirma Clint Eastwood. Normal… A sus 81 años, el director norteamericano sigue en plena efervescencia creativa. Acaba de estrenar en Estados Unidos su último largometraje, “J. Hoover”, con Leonardo di Caprio como protagonista (y, ay, Naomi Watts). La película ha enfurecido al FBI por sugerir la homosexualidad de J. Edgar Hoover, el que fuera director del FBI entre 1935 y 1972, célebre por su mano dura y acoso a gánsteres, mafiosos, comunistas y líderes de los derechos civiles. O sea, un tipo duro visto por otro tipo duro.

Eastwood, con 33 películas a sus espaldas como director y más de medio centenar como actor, es una leyenda viviente. A estas alturas de su vida, se han escrito decenas de libros sobre él (uno de ellos, la biografía de Patrick McGilligan, muy crítico) y centenares de reportajes y artículos (entre ellos, con perdón, dos míos, “¿Qué aporta Clint Eastwood al Management?” y “Clint Eastwood, Manager”).
Pero no sólo eso, ni mucho menos. El director nacido en San Francisco inspira y emociona a gente de toda edad y condición, por ejemplo a grupos musicales como Oddjob, un quinteto sueco que le dedica su último disco, “Clint”. Es una pequeña joya para los seguidores de Eastwood y para los amantes de la música, ya que revisa en clave de jazz-rock parte de las bandas sonoras de su filmografía. De hecho, según la revista “Rolling Stone”, existen 23 canciones –pop, rock, country o incluso punk- de diferentes intérpretes rindiéndole homenaje. No falta la representación española, de la mano del grupo mallorquín Antònia Font, que incluye el tema “Clint Eastwood” en su disco “Lamparetes”.
Cuando desvelo mi atracción por Clint Eastwood (aun asumiendo las debilidades reveladas en la biografía de McGilligan: ¡nadie es perfecto!) y por la mayoría de sus obras, descubro la fascinación que ejerce sobre gente muy variopinta. No gusta ni mucho menos sólo a hombres rudos y amantes del western o de las películas policíacas, como podía suceder en sus inicios.
En mi (insignificante) caso, dado que escribir es para mí algo parecido a ir saldando deudas con la vida, es decir, con lo mejor que ésta me va dando, decidí rendirle a Eastwood una especie de homenaje permanente a través de mis libros: lo menciono en todos ellos (de momento, 3), emulando a Luis Berlanga, quien introducía la palabra “austrohúngaro” en todas sus películas.
¿Cómo resumir en un post la trayectoria de Clint Eastwood? Casi todo empezó en 1964, concretamente, en el desierto de Tabernas (Almería)… ¿Qué mejor lugar? Allí, el todavía poco conocido actor norteamericano protagonizó “Por un puñado de dólares”, el primero de tres westerns de éxito dirigidos por un tal Sergio Leone… Como es sabido, los otros dos, también rodados en Almería, fueron “La muerte tenía un precio” (1965) y “El bueno, el feo y el malo” (1966). Esta trilogía le lanzó al estrellato mundial. Aun así, tras esos primeros papeles individualistas y duros, Eastwood convivió con cierta estigmatización y el encasillamiento por parte de la crítica.
No obstante, en los 70 descolocó a esta última al empezar a dirigir películas a cual más sorprendente. Y fue en la década de los 80 cuando mostró definitivamente al mundo su riqueza y versatilidad cinematográfica, abordando películas centradas en el mundo de la música (“El aventurero de medianoche”, “Bird”), el del lejano oeste (“El jinete pálido”) e incluso el del propio cine (“Cazador blanco, corazón negro”). En 1985, el reconocimiento del western “El jinete pálido” en el Festival de Cannes otorgó al cineasta californiano los primeros retazos de esa vitola de respetabilidad de la que goza ahora… Eastwood se reveló como alguien que intentaba ser profundamente coherente consigo mismo. Tuvo que “enfrentarse” a estereotipos y cábalas superficiales sobre su ideología, y, en lugar de enzarzarse en desmentidos, declaraciones y justificaciones, optó por construir calladamente una de las más sólidas carreras de la historia del cine. Parece claro que a través de sus películas emprendió una inteligente, pausada y trabajada labor de deconstrucción de su primera imagen cultural, aquella que le identificaba con el prototipo del pistolero solitario o del inspector de policía fascistoide. Y así, “deconstruyendo” estereotipos y construyendo arte, llegaron en los 90 y en los 00 obras redondas como “Sin perdón” (1992), “Mystic River” (2003), “Million Dollar Baby” (2004) o “Gran Torino” (2008), amén de muchas otras excelentes películas. Desde el año 2000, es decir, desde que cumpliera 70 años, Eastwood ha estrenado 11 películas…. Por tanto, en su ¿vejez? estrena al ritmo de ¡una película por año!
Carlos Boyero, el conocido crítico de El País, decía recientemente lo siguiente:
“En sus hondas y lacerantes radiografías de gente herida y perdida en la tierra de las oportunidades, en su permanente indagación del lado oscuro y de los sueños rotos, ese señor llamado Clint Eastwood, alguien que puede contar las historias más complejas y los sentimientos más intensos con la sencillez, la capacidad de sugerencia, la inquietud, el lirismo bronco y la fuerza expresiva de los clásicos, calcula con extrema lucidez la conveniencia o inconveniencia de plantar su legendaria figura delante de la cámara. Yo siempre agradezco su presencia, su humanidad, su dureza, su soterrada ternura, su peligro, su hombría. También que no sea complaciente, ni mentiroso, ni autocompasivo con el sombrío futuro de los finalmente desolados personajes que representa.”
En mi afán de llevar aprendizajes de otros ámbitos al terreno de la gestión empresarial y de las habilidades directivas, en su día, establecí un decálogo de aquellos rasgos de Clint Eastwood especialmente aplicables al Management, a saber:

Por supuesto, Eastwood tiene sus puntos débiles (desde el punto de vista verbal, no es un gran comunicador; aunque sea un buen director, su figura destila tendencia hacia el individualismo, etc.), pero repasando el decálogo en cuestión, nos podemos preguntar si no nos gustaría disponer de colaboradores, compañeros o jefes que cumplieran las características descritas…
Dado que el cineasta californiano desafía abiertamente las leyes biológicas del envejecimiento, esperemos que le quede cuerda para rato. La profunda Gran Torino, algo parecido a un testamento cinematográfico, parece haber supuesto su jubilación como actor, sin embargo, su labor como director y productor sigue a una velocidad endiablada (¡afortunadamente!). Como leí hace poco, el gran Eastwood empezó su carrera como John Wayne y a este ritmo la acabará como John Ford…